
08.09.2009 | 21.06 Fuente: El Espectador
Uruguay depende de sí mismo para lograr su clasificación al Mundial de Sudáfrica-2010, aunque la hinchada está descreída de esta irregular selección dirigida por Oscar Washington Tabárez. La agonía continúa este miércoles a las 18 horas ante Colombia.
Por Pablo Rossi, de Espectador.com
Queda apenas una llama, un dejo de esperanza para que Uruguay llegue a Sudáfrica. Desgraciadamente, se debe usar una frase más trillada que los caminos, que a esta altura acarrea connotaciones negativas, "matemáticamente tenemos chances", parece ser parte de la idiosincrasia uruguaya.
En un breve análisis proponemos una serie de aristas en los cuáles la selección falla, demostrando de esta manera, que en estas Eliminatorias, Uruguay está donde debe estar en la tabla de posiciones.
Tabárez es claro responsable de esta selección. Más allá de sus virtudes y su vasto currículo dirigiendo equipos de la talla de Boca Juniors o Milan, en esta selección le ha faltado cercanía con el plantel. Un plantel joven, con ciertos jugadores aún inmaduros, es necesario tener un DT que transmita y contagie. Tabárez parece infundir distancia con el equipo y el ambiente de la selección demuestra frialdad.
El "Maestro" pecó de defensivo. El claro ejemplo fue el pasado sábado frente a Perú. En Lima, Uruguay tuvo una clara chance de ponerse en carrera, de escalar en la tabla. Tabárez sabía que se jugaba una de sus últimas cartas, no obstante, hizo un planteo netamente defensivo frente a un equipo eliminado, último en la clasificación y con apenas algunas figuras que ya han quedado en desuso.
Sorprendió dejando los cuatro en el fondo todo el partido. Suárez, que tuvo una mala tarde, era un cambio cantado, Abreu, falto de estado físico, estuvo estático y no incomodó nunca a la defensa rival. Era claro que moviendo piezas del banco le podía dar frescura al equipo. Los ingresos fueron "traídos de los pelos". Debutó "Japo" Rodríguez y colocó a Álvaro Fernández. Es decir, hizo sólo un movimiento de pieza por pieza pero no modificó la figura táctica, no apostó a ser más ofensivo.
La incoherencia más notoria de Tabárez fue que no hizo los tres cambios. Las variantes se utilizan cuando los protagonistas no funcionan. Contra Perú fue uno de los peores partidos de esta selección, sin embargo, el "Maestro" se dio el lujo de mantener una delantera que estaba confundida y que no jugó bien.
En cuanto al plantel. Esta selección no abunda en líderes. Uno piensa en un referente y emana Abreu en primer lugar. Luego repasando línea a línea, parece no haber figuras que ejerzan una liderazgo propiamente dicho. Lugano es el capitán, pero en las situaciones más complicadas, cuando Uruguay lo precisa, está suspendido. Ya sea por acumulación de tarjetas amarillas o por expulsión. Un claro ejemplo es el partido de Brasil en el Centenario o el del próximo miércoles frente a Colombia.
Forlán es la carta gol y su trayectoria es implacable, pero no tiene las características de líder.
Frente a Perú quedó de manifiesto. Un partido para "quemar las naves", Uruguay no tenía respuestas ni desde lo futbolístico, así como tampoco desde lo anímico. La pelota "le quemaba" a los jugadores y no había quién pudiera ponerse el equipo al hombro para dar vuelta un resultado adverso o para salir a buscar el partido desde el primer minuto.
Si se analizan las últimas generaciones, se vislumbra que en cada proceso pasa lo mismo. A los jugadores uruguayos, aunque no lo quieran reconocer, les pesa jugar Eliminatorias. No se sienten cómodos, no la disfrutan. Hay un claro problema de confianza y de mentalidad. ¿O acaso a Uruguay con estos mismos nombres no fue protagonista en la última Copa América en Venezuela?
Hay una barrera psicológica que impide a los jugadores transformar todas las ganas que tienen, dentro del campo de juego. Hoy parece ser un peso jugar de local en el Centenario, es sinónimo de presión.
El nivel de los jugadores es bueno, hacía tiempo que no había una selección uruguaya que llegara a las Eliminatorias con sus jugadores siendo titulares en sus cuadros. Pero como dice el dicho: "No le pidas peras al olmo". Debe decirse: esta selección carece de jugadores clase A. El único jugador de elite es Diego Forlán. El resto son buenos jugadores, pero ninguno compite el puesto contra verdaderas estrellas o integran equipos que sean protagonistas en sus respectivas ligas.
Por otra parte, Uruguay no ha mostrado un juego colectivo. Falta funcionamiento, falla el sistema. No hay identidad.
Resulta complejo analizar la situación de la selección, sobre todo porque no hay una sola causa para estar en la séptima ubicación de las Eliminatorias.
Las chances para ir al Mundial están. Es difícil de creer que habiendo ganado tan solo cuatro partidos de 15 disputados, Uruguay pueda obtener los nueve puntos que restan por jugarse.
De todos modos, siempre hay que dejar una puerta abierta. Esto es fútbol, y por consiguiente, siempre hay que estar preparado para las sorpresas.
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